El drama de los cruceros que siguen atracados

 
Carlos Velázquez
hrs.

Los habitantes de Cozumel saben que la jornada de cruceros fue productiva, prácticamente la noche de ese mismo día, pues salen a comprar pizas o una nieve con la familia; pero esas imágenes hace más de siete meses que ya no se observan en la isla.



En las últimas semanas la desesperación va creciendo, igual que en los puertos de cruceros de los Estados Unidos como Miami o Fort Lauderdale; donde, en un caso inusitado, está habiendo manifestaciones de empleados pidiendo que los dejen trabajar.

Pero las autoridades sanitarias estadounidenses siguen sin liberar los permisos y los hoteles flotantes están parados y los destinos sufriendo.

Eduardo González Cid, experto en cruceros a quien recurre este espacio para preguntarle por lo que pasa en el sector, compara este cierre con un auto que iba a más de 100 kilómetros por hora y que, en un segundo, se quedó parado.

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A diferencia de otros segmentos del turismo, el negocio de los cruceros no se redujo en 70, 80 o 90% por la pandemia, sino que sencillamente se fue hasta cero y de allí no se ha movido.

Claro que a los barcos hay que seguirles dando mantenimiento, pues el agua de mar es altamente corrosiva; también hay que seguir pagando el personal técnico mínimo y el costo de los financiamientos en el mejor de los casos se va acumulando para el futuro.

Hoy la expectativa más optimista es que el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos libere los protocolos en noviembre, lo que permitiría que algunas navieras puedan mover sus barcos más modernos y lujosos entre sus islas privadas.

Mientras Cozumel es el destino mexicano en el que, proporcionalmente, más empleos se han perdido; mientras que la falta de derrama no sólo está paralizando a la economía, sino que también ha tirado la captación fiscal federal en la isla.

Los 85 dólares de derrama diaria por crucerista que se producía, según la Asociación de Cruceros de Florida y el Caribe (FCCA), eran recursos frescos, que no habían sido impactados por IVA o ISR y ahora, debido a su ausencia, se ha creado un círculo perverso que cada vez es más grande.

En el horizonte está diciembre y la esperanza muere al último.



Divisadero

Guadalupe digital. Si desde el punto de vista epidemiológico nadie puede refutar la decisión del gobierno de la Ciudad de México de prohibir las celebraciones del 12 de diciembre, el Día de la Virgen de Guadalupe; el impacto económico sí se sentirá.

Según Sergio Palma, especialista en turismo religioso, la derrama de este segmento alcanza los 10 mil 200 millones de pesos al año en México y hoy muchos de los santuarios en el país siguen cerrados u operando con muchas restricciones.

Mientras que el día de la Virgen genera una derrama estimada en 160 millones de pesos, que también se perderán en este 2020 donde el Gobierno Federal ha ignorado al turismo, aunque sí está presente en muchos de los que viven de él.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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