La diferencia entre promoción y diplomacia turística

 
Carlos Velázquez
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Dado que carece de presupuesto y articulación formal, hasta ahora la decisión del presidente López Obrador de transferir a las embajadas de México la responsabilidad de promover los destinos turísticos mexicanos no se ha terminado de revisar en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

Marcelo Ebrard, titular de esta dependencia, nombró a Ignacio Cabrera como director general de Promoción Turística y ya hay un trabajo adelantado para el diseño del Consejo de Diplomacia Turística, como se adelantó hace dos semanas en este espacio.

Sin embargo, conforme se decida implementar esta idea, irán surgiendo otros problemas que van desde la vocación de las embajadas y consulados; hasta la necesidad de hacer cambios a la normatividad que los regula.

Así es que resulta de lo más interesante una tesis de licenciatura que publicó hace 30 años Tere Solís, hoy directora de Turismo de Deloitte México; aunque también ha sido subsecretaria de Planeación Turística y directora de Investigación de Mercados del Consejo de Promoción Turística (CPTM).

Como una de las profesionales más respetadas del sector turístico mexicano, no deja de ser interesante que su tesis para obtener la licenciatura en Relaciones Internacionales por la ENEP de Aragón, que forma parte de la UNAM, haya sido sobre la Situación Jurídica de las representaciones gubernamentales en el exterior.

En este texto, Solís hace referencia a una reflexión pública de Antonio Enríquez Savignac (q.e.p.d.), quien fue secretario de Turismo con Miguel de la Madrid y luego el primer secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT).

Savignac, uno de los más destacados extitulares de Turismo, ya hacía una reflexión puntual que sigue estando vigente sobre la importancia del turismo:

  1. Se trataba de la séptima actividad más importante de la economía.
  2. Tenía una contribución importante a la generación de empleos.
  3. Segunda fuente generadora de divisas.
  4. Bajo coeficiente de contenido de importación en su operación.
  5. Capacidad para atraer inversiones más nacionales que extranjeras.
  6. Su efecto favorable a favor de la distribución poco concentrada del gasto.
  7. Su contribución en beneficio de la distribución regional de la riqueza.

Todo ello justificaba que el gobierno apoyara al turismo, pero al llegar al tema de las representaciones gubernamentales especializadas en materia turística surgían dudas respecto a su vocación.

Por ejemplo, la naturaleza y propósitos mismos de las embajadas y los consulados que, por ejemplo, tienen responsabilidades para salvaguardar la seguridad de la nación y para obtener información sensible relevante para México.

Mientras tanto, la promoción turística implica no sólo interactuar con las empresas para impulsar esta actividad, sino conciliar intereses que pueden involucrar a dos o más países.

Fue así que en la década de los setenta del siglo pasado se creó el Consejo Nacional de Turismo que para 1982, en pleno auge petrolero, llegó a tener 38 oficinas; mientras que el año pasado y con el CPTM tenía 21 que fueron cerradas.

Mañana se hará referencia a algunas de las conclusiones de este trabajo, que hace 30 años analizó una situación que hoy vuelve a estar vigente.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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