Azcárraga un empresario que dice no estar preocupado

 
Alonso Gordoa
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Ya dentro del elevador del Club de Industriales, Pablo Azcárraga, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), le preguntó a los reporteros que lo venían persiguiendo con un cúmulo de interrogantes: “¿Ustedes me ven preocupado?”

En realidad no parecía estarlo, pues de entrada durante su participación en el foro “Invertir en Turismo, ¿un juego sin reglas claras?”, ya había dicho, sin miramiento alguno para el actual gobierno, que el “turismo no es una prioridad”.

Aunque algo no cuadraba, pues aunque había mostrado aplomo para exhibir las debilidades del turismo mexicano también fue verdad que antes de que terminara el evento se levantó y salió, como si tratara de huir.

Percepción o realidad, el hecho fue que los reporteros lo alcanzaron y le hicieron preguntas sobre su hermano Gastón Azcárraga, el otrora todo poderoso presidente de Mexicana y del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios.

“Ustedes los periodistas han inventado las historias”, les comentó.

Se refería seguramente a las versiones de comunicadores “generalmente bien informados”, que cuentan sobre un expediente de la Procuraduría General de la República, para castigar a Gastón por su participación determinante y posiblemente alevosa en la quiebra de Mexicana.

Aunque también reconoció que el propio Gastón había demandado a Grupo Posadas, la empresa fundada por su padre, aquella que alguna vez fue líder en el negocio de la Hotelería.

Fue una demanda mercantil, dijo, y no abundó en detalles aunque la información ya era cierta desde que la dio a conocer la Bolsa Mexicana de Valores.

Ciertamente Pablo Azcárraga no debe estar preocupado, pues ni su patrimonio ni su libertad peligran.

Aunque sin duda es lamentable que esta historia esté en curso, referida a la que otrora fue una de las familias más prominentes del país. O a la que, al menos, así se asumía.

Divisadero

De mal en peor. México no sólo salió del top ten de los países más visitados en el mundo, sino que la caída resulta cada vez más pronunciada.

En los siguientes días, la Organización Mundial de Turismo hará público el hecho de que llegará hasta el sitio número 15.

Un hecho que es necesario evaluar correctamente, pues no debería ser motivo para “rasgarse las vestiduras”.

¿Qué es preferible y más rentable, recibir diez mil invitados a una feria popular o mil a un evento sofisticado en donde el boleto de entrada cueste 20 veces más respecto al primero?

El problema es que México se vanaglorió de su popularidad, pero no hizo nada para conservarla o incrementarla; pero además siguen pendientes sus planes de mediano y largo plazos.

Ser el mayor receptor de viajeros no es lo fundamental, sino determinar qué es lo más relevante para un destino y, a partir de allí, establecer un plan de trabajo.

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