Un recuento del peor año para el turismo

 
Carlos Velázquez
hrs.

El que termina se ha vuelto ya un año de referencia para el turismo y aunque es pronto para hacer una valoración cabal, es buen momento para recapitular algo de lo que ha ocurrido.



¿Qué estamos aprendiendo?

  1. Que incluso con el temor a ser víctimas potenciales del nuevo coronavirus, millones de personas seguimos viajando armados de tapabocas, careta y germicidas.

El mercado no se equivoca y el turismo mexicano es el que más rápidamente se está recuperando en la región latinoamericana; no por una estrategia ex profeso de las autoridades, sino porque las fronteras se mantuvieron abiertas a los extranjeros y porque, sobre todo los estadounidenses, siguen viniendo a México.

2. Que no es indispensable la Secretaría de Turismo.

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Sin presupuesto ni capacidad para influir en las decisiones del presidente López Obrador, la iniciativa privada ha encontrando opciones que no pasan por los carriles del Gobierno federal.

Miguel Torruco, quien ve a Sectur como el máximo podio de su medallero personal, cuando se baje también podría haber cavado la tumba de la dependencia.

De entrada le regaló a Crea, de Alejandro Soberón, los Tianguis y las ferias, con un bono extra de un millón de dólares.

Y le dio las llaves del Visitmexico a Marcos Achar, Carlos González y Juan Vergara quienes descuidaron lo digital e insisten en hacer un negocio publicitario improductivo para destinos y empresas turísticas, apoyándose en el dudoso power de Torruco.

3. Que los gobiernos de los destinos turísticos sí reaccionaron para que la crisis sanitaria no deviniera en crisis social y no sólo atendieron los protocolos sanitarios de la Secretaría de Salud, para evitar los contagios del Covid-19, sino que muchas veces incluso los elevaron.

Ellos también, con sus Secretarías de Turismo, fondos y consejos de promoción, siguen impulsando campañas digitales en el extranjero; negocian con las aerolíneas estadounidenses, que afortunadamente no tienen muchos países a dónde volar, y están generando alianzas regionales.

4. Que muchos empresarios, sin apoyo público, defendieron salarios y salud de sus colaboradores; pagaron capacitaciones y certificaciones; invirtieron en promoción y seguirán haciendo lo necesario para mantener sus negocios a flote.

5. Que las agencias de mercadotecnia digital; las empresas de tecnología interesadas en diferentes nichos del sector turismo; las agencias de relaciones públicas innovadoras y los “magnetos” globales como Facebook, Google y Amazon están recomponiendo las oportunidades para alentar la demanda turística.



6. Que las reservaciones de corto plazo llegaron para quedarse, lo que le da un valor que no tenía a la inmediatez; que el turismo corporativo y de negocios sigue en medio de un terremoto y que las opciones de comunicación a distancia, le están dando nuevo fondo y forma al contenido.

Hay mucho más que decir, informar y analizar sobre el tema; tarea en la que el autor de este espacio espera seguir participando cuando se vuelva a publicar Veranda el 7 de enero.

De corazón, lo mejor para todos al final de un 2020 que sigue siendo riesgoso y nos hace aquilatar el privilegio de estar vivos.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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