Ordaz, un político y empresario metido a resolver entuertos diplomáticos

 
Carlos Velázquez
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No son evidentes las razones que llevaron al presidente Andrés Manuel López Obrador a nombrar a Quirino Ordaz embajador de México en España; aunque se trate de un empresario y político que seguramente aportará a la relación entre ambos países.

Por lo menos son tres las características importantes de Ordaz en los ámbitos público y de negocios: La primera su conocimiento del turismo; la segunda su capacidad para atraer inversiones y hasta donaciones para proyectos relevantes y la tercera que es un buen administrador, aunque algunos de sus amigos lo acusan de ser “codísimo”.

Ordaz y su familia son propietarios de algunos hoteles tradicionales en Mazatlán; su primer encargo importante como servidor público fue en el otrora Departamento del Distrito Federal, cuando Óscar Espinosa era regente.

Allí se le responsabilizó de obtener fondos para proyectos sociales, un trabajo que realizó con éxito pues tenía la capacidad de convencer a los empresarios y de actuar con transparencia.

Con su amigo Javier Vega Camargo, primer director general del ahora extinto Consejo de Promoción Turística de México, fue responsable de las oficinas de México en el exterior, lo que podría ser visto como un acercamiento al mundo de la diplomacia.

Ordaz también fue diputado federal, lleva una buena relación con la mayoría de los personajes del mundo de los negocios en Sinaloa y en el ámbito turístico aprovechó como pocos gobernadores la organización del Tianguis México para relanzar el centro histórico de Mazatlán.

Conocedor de la mercadotecnia turística, Ordaz mostró lo mejor del puerto y usó sus relaciones políticas y personales para que el CPTM, entonces a cargo de su primo Rodolfo López Negrete, promoviera a Mazatlán en el extranjero.

Los resultados están a la vista y ese destino se ha recuperado de la pandemia, pues cuenta con una carretera que lo conecta con el norte del país y Ordaz siguió apoyando la promoción y la conectividad aérea.

El futuro embajador conoce bien España y como gobernador no perdió oportunidad para ir a la Feria Internacional de Turismo de ese país (Fitur), siempre acompañado de empresarios sinaloenses con quienes impulsó agendas de inversiones.

No es extraño que cuando López Obrador anunció que entraría a su equipo, muchos lo vieron despachando en la Secretaría de Turismo.

Pero no será así y Ordaz llegará en noviembre a España en un periodo en que López Obrador tensó las relaciones entre ambos países, con su perspectiva de exigirle a las autoridades ibéricas que pidán perdón por los excesos cometidos durante la conquista de México; una demanda ociosa y que abona a la polarización de la sociedad mexicana.

El despido de Jorge Hernández como agregado cultural y el peculiar nombramiento en su lugar de Brenda Lozano, crítica de la posiciones anti feministas de AMLO; más el hecho de que la embajadora María Carmen Oñate se enterara por los medios que sería reemplazada por Ordaz, no describen una sede diplomática ordenada.

Obvio Lozano nunca llegará tras haber sido descartada por el presidente y Ordaz no asumirá la titularidad de la embajada como diplomático de carrera sino como enviado del presidente, lo que le dará libertad en una representación que además es vista como coto de poder priísta.

El mejor escenario, es que con su presencia mejore el ambiente de negocios entre ambos países.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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