Mantener vivos los hoteles, un esfuerzo heroico

 
Carlos Velázquez
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Cancún. Alberto Gurrola, gerente general del hotel Fiesta Americana Coral Beach, despedía unos huéspedes cuando le entró una llamada de uno de los socios.

“El mes pasado íbamos a ganar dinero por primera vez desde abril, pero ya ve ingeniero dos huracanes seguidos, tuvimos que devolver tres días de ocupaciones y eso nos desbalanceó; pero seguro en noviembre sí estaremos en números negros”.

El que llegó a ser el mejor hotel de América Latina, mantiene un alto nivel de servicio y su plantilla de trabajadores fue conservada en su totalidad a pesar de la pandemia.

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Aunque tuvo que cambiar de “plan europeo” al modelo “todo incluido” para seguir compitiendo en la plaza, la calidad de su gastronomía sigue siendo un diferenciador.

Pero donde se ve un esfuerzo heroico, no sólo en éste sino en muchos hoteles de Quintana Roo, es en el cumplimiento de los protocolos de sanitización que están generando confianza para viajar.

En los restaurantes el personal usa careta, cubrebocas y guantes; además se abrió la distancia entre las mesas y se bajó la carga máxima de comensales.

En lo elevadores un empleado llama el aparato, presiona el número del piso y aplica gel a los clientes; práctica que parecía exclusiva de los hoteles de lujo en Asia, pero que ahora tiene aquí un sentido de combate al virus.

En las albercas se limita el número de bañistas y se promueve el distanciamiento social; además se alienta a las personas a estacionar sus autos y si optan por el valet, éste se encarga de desinfectar el volante que manipuló.

En las habitaciones son sanitizadas pantallas y controles y si antes el video de bienvenida destacaba las bellezas de la zona; ahora comienza con imágenes del primer día en que regresaron los turistas.

Aplausos de los trabajadores, música, globos de colores cayendo desde los pisos más altos; una fiesta que reconoce que sin los viajeros no hay futuro ni para el hotel, ni para los inversionistas ni para la gente que vive de esta actividad.

Gurrola cuenta que por un túnel subterráneo, los empleados deambulan usando su equipo de protección que les genera molestias y más cansancio, por lo que ahora se han implementado periodos de descanso e hidratación al aire libre.

También hay nuevas rutas de transporte para empleados, pues se ha identificado al servicio público como una fuente de contagio.

El protocolo obligaba a los trabajadores a tomar un baño y cambiarse la ropa al llegar al hotel; pero ahora ellos mismos demandan hacerlo al salir, por el riesgo potencial que implica interactuar con la ropa y objetos de los clientes.

Gurrola asegura que los propios colaboradores son los más interesados en vigilar la salud de los huéspedes y que reportan cuando alguien tiene más de 37 grados de temperatura o se quejan de malestar en la garganta.

En un año que ha golpeado a Cancún con la pandemia, dos huracanes y ahora un viento del Norte que lleva cinco días sacudiendo las palmeras; la comunidad turística no se da por vencido y sabe que después regresará el dinero.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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