Un organismo que represente a los empresarios turísticos

 
Alonso Gordoa
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Dice el refrán “divide y vencerás”, pero lo que ha sucedido con los empresarios involucrados en la política turística es que ellos mismos gestaron su debilidad, lo que podría cambiar.

Al inicio de la administración pasada el entonces secretario de Turismo, **Rodolfo Elizondo**, quiso propiciar que las tres organizaciones patronales turísticas se agruparan en torno a una sola organización, lo que no ocurrió.

Ahora siguen funcionando la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio y Servicios Turísticos (Concanaco-Servitur), que preside **Jorge Dávila**; el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), que encabeza **Pablo Azcárraga** y la Confederación Nacional Turística (CNT), de **Jorge Hernández**.

La primera integra legalmente la representatividad de las empresas de servicios turísticos, pero sus intereses rebasan por mucho a esta actividad y Dávila tiene alcances políticos que influyen sobre la totalidad de la actividad comercial, mientras que el CNET, que nació hace más de tres décadas, sigue agrupando a las empresas más grandes y a los empresarios mexicanos turísticos con más recursos, aunque en la práctica se ha convertido en un organismo cabildero de los pocos temas que son relevantes para ellos.

Azcárraga ha tratado de hacer un trabajo serio, pero su fuerza política más allá de ese club es limitada, entre otras razones porque sigue pesando la participación de su familia en la quiebra de Mexicana.

En tanto, la CNT tiene en Hernández un dirigente con un trabajo proactivo para representar empresas de menor tamaño y más pulverizadas, pero que son clave para la comercialización del negocio de los viajes, entre ellas las propias agencias, tradicionales y en línea; hoteles medianos y pequeños; transportadores terrestres, además de que la CNT ha sido semillero para la colocación de los responsables del turismo en distintas entidades del país.

Además de las ventajas de comunicación con la autoridad que representaría contar en el futuro próximo con interlocutor único del empresariado turístico, hay asuntos de fondo detrás de esa posibilidad, entre ellos:

1. Establecer una agenda fuerte e incluyente sobre asuntos relevantes que hoy limitan el desarrollo del turismo en México.

2. Contar con más recursos para generar información de mejor calidad sobre el comportamiento del mercado turístico e influir más estratégicamente en el Consejo de Promoción Turística.

3. Aumentar su influencia tanto a nivel federal como en los estados, para propiciar acciones que contribuyan a reforzar el turismo.

Claudia Ruiz Massieu, la secretaria de Turismo, también consideraría un avance contar con un interlocutor fuerte, pero, a diferencia de Elizondo, no se va a desgastar tratando de que ocurra.

Hoy este asunto se está platicando de nuevo entre los empresarios y la clave es hasta qué punto perciben las ventajas que ello significaría, contra la cada vez más limitada influencia que han mostrado para impulsar cambios poderosos en el turismo.

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