Turismo de alto gasto, de las palabras a los hechos

 
Alonso Gordoa
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Si está cambiando el discurso sobre cómo medir el éxito del turismo mexicano, no será “pan comido” aumentar el gasto promedio de los viajeros para conseguir que México ascienda posiciones en la lista de los países que reciben más ingresos a través de esta actividad.

Por ejemplo, los dos grandes complejos hoteleros que abrieron su puertas en México el pasado mes de diciembre, el Secrets, de Puerto Los Cabos, y el Iberostar, de Riviera Nayarit, lo hicieron a través del sistema “todo incluido”.

Una opción que conceptualmente no es la que genera mayor gasto, ni en términos de cheque promedio ni tampoco para el país donde se encuentran dichos negocios cuando, como en estos casos, los capitales son estadunidenses y españoles, respectivamente.

Ambos proyectos están en la categoría de cinco estrellas, aunque igualmente la “comoditización” del hospedaje lleva a generar economías de escala, menos trabajadores por cuarto ocupado y a concentrar las ganancias en los procesos de comercialización.

Como contraparte los hoteles en plan europeo generan más derrama para los destinos y dejan más riqueza a la población.

Claro que siempre el “mercado manda” y ante el interés creciente de los turistas por el hospedaje todo incluido, un plan serio para incrementar el gasto promedio en México debe echar mano de diversas estrategias para ampliar las estancias y propiciar el consumo.

Entre ellas segmentar con más precisión los productos turísticos y promoverlos en los mercados adecuados; apoyar económicamente el desarrollo de nuevos atractivos; trabajar más eficazmente en la conectividad aérea y desarrollar deliberadamente opciones para los viajeros high end.

Desde los fenómenos de Los Cabos, Punta Mita, Costa Alegre, San Miguel de Allende y Mayakoba, un país tan grande como México no ha ampliado su posicionamiento entre los viajeros de alto gasto.

**Divisadero**

Descanse en paz. Precisamente un genio en la creación de conceptos de viaje de ultralujo fue el chileno **Edward T. Steinner**, quien falleció el 30 de diciembre después de casi dos años de librar una batalla para sobrevivir al cáncer de páncreas.

Antes había comandado otras luchas casi tan difíciles como la anterior. Primero cuando decidió convertir a Las Ventanas al Paraíso en el hotel más lujoso de México, lo que consiguió sobradamente durante su gestión de siete años.

Después, en sólo nueve meses, convirtió al One & Only Palmilla en el mejor de América Latina, después de que **Sol Kerzner**, el magnate sudafricano, lo sacó a “billetazos” de Las Ventanas.

Su fórmula consistió en poner cuidado extremo en todos los detalles, muchos de los cuales fueron producto de su imaginación.

Darles seguimiento requirió, por otra parte, no sólo manuales de procedimientos minuciosos, tecnología y un amplio presupuesto, sino una dirección casi dictatorial que le dificultaba la vida a sus empleados mientras hacia felices a los viajeros.

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