Playa Espíritu, el lastre que heredará el próximo gobierno

 
Gustavo Armenta
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Hace dos semanas, a los 99 años de edad, murió Antonio Toledo Corro, el controvertido secretario de la Reforma Agraria del presidente José López Portillo, quien también lo hizo gobernador de Sinaloa.

Este personaje de la política mexicana en los tiempos del PRI imperial gobernó las tierras sinaloenses hace 37 años, es historia vieja que pareciera no tener mayor relevancia en estos días. Sin embargo, no es así: el último gran negocio de su longeva vida lo hizo con el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), el cual tiene repercusiones hasta el presente y en los años por venir.

El desarrollo del turismo en México basado en políticas públicas se concibió a finales del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz con la construcción de cinco ciudades planificadas: Cancún, Los Cabos, Ixtapa, Loreto y Huatulco, a las que se denominó Centros Integralmente Planeados (CIP). Su sucesor, Luis Echeverría, edificó las cuatro primeras; López Portillo ignoró el proyecto y fue Miguel de la Madrid quien hizo el quinto.

Fue hasta cuatro sexenios después, en la presidencia de Felipe Calderón, con Rodolfo Elizondo como secretario de Turismo y Miguel Gómez Mont al frente de Fonatur, que se decidió que ya era hora de construir un sexto CIP.

El gobierno de entonces convocó a una especie de concurso para determinar dónde se haría y varios fueron los estados que presentaron proyectos, buscando ganar esa inversión que sería millonaria.

Paralelamente, Jesús Aguilar Padilla, gobernador de Sinaloa en esos días, creó la Secretaría de Turismo de su estado y nombró como titular a Antonio Ibarra, quien provenía de la iniciativa privada. Este movimiento se hizo por dos objetivos muy concretos: concluir la construcción del Centro de Convenciones de Mazatlán, que se había frenado, y lograr que el nuevo CIP se hiciera en la entidad.

Ibarra cumplió con ambas metas, y meses después fue asesinado en Culiacán, junto con su chofer (en diciembre de 2009) al salir de un restaurante.

Fue en septiembre de 2008 cuando Calderón dio a conocer que el ganador era Sinaloa, por lo que el nuevo desarrollo turístico se haría en Teacapán, municipio de Escuinapa, a 85 kilómetros de Mazatlán, y sería del doble del tamaño de Cancún.

Para dejar en claro su magnitud, el entonces presidente aseguró que era el proyecto más relevante que se hubiera realizado en México, impulsado por el sector público. “Se trata del proyecto más importante de turismo en los últimos 25 años y será el más importante también en las dos primeras décadas del siglo XXI”, dijo.

Este CIP, que nació sin nombre, por lo que momentáneamente se le denominó Centro Integral de la Costa del Pacífico, se levantaría sobre un terreno de dos mil 381 hectáreas que Fonatur le compró a Toledo Corro en 119 millones de dólares, nada mal para un hombre que estaba a punto de cumplir 90 años de edad.

Para pagar ese dinero, Fonatur en parte utilizó recursos propios y solicitó al Fondo Nacional de Infraestructura un crédito a veinte años.

En total, el gobierno federal invertiría cinco mil millones de pesos y esperaba una oleada de empresarios que inyectaran al proyecto otros 66 mil millones.

Los cálculos de Fonatur eran estar recibiendo casi tres millones de turistas para el año 2025, que dejaran una derrama económica anual de tres mil millones de dólares, y la generación de 78 mil empleos. Pero nada de eso sucedió.

El proyecto, que finalmente fue bautizado como CIP Playa Espíritu, no prendió y se quedó ahí, avanzando lentamente. Calderón lo heredó al gobierno de Enrique Peña Nieto, que tampoco hizo gran cosa por él. Por el contrario, en los altos mandos de la Secretaría de Turismo encabezada por Enrique de la Madrid piensan, literalmente, que había que tirarlo a la basura. Pero como eso no es posible, en abril pasado, durante el Tianguis Turístico celebrado en Mazatlán, presentaron de nuevo el proyecto, ahora “redimensionado”. Lo achicaron, le dieron un enfoque ecológico y lo anunciaron como complemento de Mazatlán.

Hace diez años, Fonatur calculó que para el 2012 el destino estaría ya funcionando con mil 643 cuartos de hotel, cantidad que llegaría a los 44 mil 200 en el 2025. Pero la realidad es que hoy sólo cuenta con un pequeño hotel “business class”, de 53 habitaciones, el cual, por cierto, aún no funciona. Fonatur está en búsqueda de una empresa que lo opere.

Así, este lastre la administración peñista lo heredará al gobierno de Andrés Manuel López Obrador para que sean sus colaboradores quienes lo resuelvan. Por lo pronto, el único ganón en esta historia parece ser el recién fallecido Toledo Corro. Que descanse en paz.

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