Los riesgos de burocratizar la Oficina de Congresos del DF

 
Alonso Gordoa
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Desde que se creó la Oficina de Congresos y Convenciones de la Ciudad de México, un periodo de poco más de cinco años, la capital del país ha pasado del sitio 62 al 39 como destino de estos eventos, según las cifras de la Asociación Internacional de Congresos (ICA, por sus siglas en inglés).

**Carlos Collado**, quien desde hace tres años ha estado al frente de la misma, ha dado resultados a partir de su experiencia de casi 30 años en el turismo.

Por ello está causando preocupación el cambio que se apresta a realizar en su estructura, pues parecería que se está modificando algo que hoy funciona bien.

El origen es la forma en que está redactada la Ley de Turismo del DF, pues establece que el Fondo Mixto de la Ciudad de México debe contar con una oficina de Congresos, situación que se ratifica en el reglamento.

Lo que sucedió durante la administración de **Marcelo Ebrard** como jefe de Gobierno capitalino fue que todo mundo se hizo de la “vista gorda” y la oficina siguió funcionando con su estructura actual.

Ahora el nuevo director del Fondo Mixto, Armando López Cárdenas, decidió que es necesario cumplir con lo que establece la ley.

En realidad, la oficina funciona de manera irregular, pues la Cámara de Comercio de la Ciudad de México recibe el presupuesto para que opere y que son alrededor de diez millones de pesos.

Dicho dinero se lo entrega como “donación” a un despacho privado, que en un esquema de outsourcing contrata al equipo de cinco colaboradores que comanda Collado y, además, la Secretaría de Turismo del Distrito Federal le “presta” otros dos colaboradores para llegar a siete en total.

Como el esquema es tripartito, la Canaco local, cuyo presidente es Ricardo Navarro, aporta las oficinas y los servicios para las mismas, y aunque se había planeado que el Consejo de Promoción Turística de México participara con otra parte nunca lo ha hecho.

Formalizar e institucionalizar la Oficina de Congresos parece importante; sin embargo, llevarla al Fideicomiso conlleva el riesgo de que se burocratice su operación y deje de dar buenos resultados.

Al final habría que buscar un modelo en donde mantuviera su posibilidad de actuar sin las estrictas reglas gubernamentales, pero obviamente tampoco es sano que lo siga haciendo como sucede en la actualidad.

El mayor bien a proteger es que sigan llegando los congresos a la capital, pues la derrama promedio por visitante es de 750 dólares y se estima que 25% de los 13 mil millones de pesos que recibe por turismo el DF, provienen precisamente de este segmento.

Nada más como un ejemplo, el Centro Médico Siglo XXI organiza 700 eventos al año.

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