Los Pueblos Mágicos deben alejarse de la política

 
Carlos Velázquez
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Como sucede en tantas actividades, el turismo tiene una terminología específica que se enriquece con el paso del tiempo y es muy común que se sobreentienda algo que es totalmente distinto.

Algo así ha pasado con Pueblos Mágicos, un exitoso programa que nació en México cuando Leticia Navarro era la secretaria de Turismo, durante el gobierno de Vicente Fox.

En términos generales, este programa, que diseñaron especialistas como Eduardo Barroso y Francisco Madrid, cuando eran subsecretarios de esa dependencia, tenía como objetivo principal poner en valor destinos de menor tamaño, que se encuentran cerca de los más importantes del país.

El ejemplo típico es Taxco, pues en aquel momento se hablaba de que era un sitio atractivo que merecía la pena ser visitado y que se encontraba en la ruta carretera entre la Ciudad de México y el entonces todavía fulgurante puerto de Acapulco.

La manera fundamental de apoyarlo era dándolo a conocer, así es que, al principio, Pueblos Mágicos fue una marca que pretendía mostrar ante los viajeros nuevas opciones para hacer turismo.

Después, el programa recibió recursos federales, los gobernadores comenzaron a mostrar interés en el mismo e inició una dinámica vigente, en donde “el que tiene más saliva, come más pinole”.

Pueblos Mágicos es una de las marcas públicas más importantes, ha dado origen a casos de éxito extraordinarios como San Miguel de Allende, que ya no participa en el programa debido a que ya es un gran destino en sí; así como Bernal, en Querétaro, en donde muchos habitantes han encontrado en el turismo una forma para vivir bien.

Este lunes, durante la comida de la Asociación de Secretarios Estatales de Turismo, que preside Fernando Olivera, el titular de Turismo federal, Enrique de la Madrid, mostró cierta preocupación sobre este asunto.

Resulta que ya hay 111 Pueblos Mágicos en el país y que, además, hay una lista de más de 100 que pretenden entrar.

El problema es que el próximo año nuevamente habrá una importante astringencia de recursos para el turismo, lo que, dicho con precisión, significa que la Sectur federal tiene muy poco margen de maniobra para sumar más Pueblos Mágicos.

Su idea es crear una marca paralela, de hecho, ya hay varias, como Pueblos con Encanto, desarrolladas por diferentes estados, para que haya algo así como una primera y segunda división.

En este contexto, le pidió a los secretarios estatales de Turismo que le hagan llegar sus propuestas por escrito para que pueda tomar una decisión al respecto.

La realidad es que, si se tratara este asunto desde una perspectiva estrictamente técnica, ni siquiera habría que volver más estrictos los requisitos de entrada al programa, sino aplicar los vigentes.

Con esa sola decisión sería fácil descubrir que “ni están todos los que son ni son todos los que están”; la segunda medida sería establecer reglas claras y automáticas de entrada al programa y salida del mismo.

Las únicas condiciones son transparencia y aplicación imparcial de las reglas.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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