Las Vegas, paraíso de las atracciones artificiales

 
Alonso Gordoa
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Rafael Villanueva, director de ventas internacionales de la Autoridad de Convenciones y Visitantes (CVA, por sus siglas en inglés) de Las Vegas, ha participado en el explosivo crecimiento de turistas que van a ese destino y considera clave la renovación permanente de sus productos.

Surgido de la nada, en el desierto de Nevada y con una historia que en sus orígenes involucró recursos del crimen organizado, hoy es uno de los destinos más exitosos del mundo y probablemente este año alcanzará los 40 millones de visitantes.

De finales de la década de los noventa, cuando Villanueva comenzó a trabajar en la CVA a la fecha, los mexicanos que llegan por avión pasaron de 60 mil a cerca de medio millón, cifra que será oficial en unas semanas.

Allá las tradiciones, la cultura, la amabilidad de su gente, la biodiversidad o las playas dibujadas por la naturaleza dicen nada; todo es consecuencia de inversiones enormes, guiadas por equipos de expertos ávidos de identificar las tendencias de viajes en el mundo.

En Las Vegas todos los negocios son viables, pero no sobreviven mucho tiempo aquellos que no sean extremadamente exitosos.

Villanueva recuerda, por ejemplo, cómo el espectáculo de Elvis Presley del Cirque de Soleil tenía ventas de 90% de los asientos, afluencia que en otros destinos sería un sueño, pero que allá apenas le sirvió para sobrevivir poco más de un año.

Así es que a los empresarios del hotel Aria no les tembló la cartera para cerrarlo y abrir Zarkana que, ahora sí, está vendido hasta el tope.

Hay otras historias similares, como cuando los hoteles New York y Excalibur abrieron zonas de diversión para niños que no funcionaron como se pensaba; así es que el negocio de las criaturas ya se lo dejaron a Orlando.

En cambio, como no tienen costa sencillamente han hecho opulentas piscinas y playas artificiales, han contratado a los mejores DJ’s del mundo y ya convencieron a cientos de miles de jóvenes cada año de que sus fiestas de piscina son más intensas que las versiones instantáneas de Sodoma y Gomorra de la española Ibiza.

Ciertamente Steve Wynn, famoso propietario de hoteles que impulsó la transformación de Las Vegas de cima de las apuestas a capital del entretenimiento, es uno de los referentes a quienes todos vigilan.

Pero según Villanueva, las principales decisiones las toman individualmente los empresarios, varios de ellos presidentes de compañías públicas que cotizan en el mercado bursátil y la propia junta de directores de la CVA en donde hay hoteleros y políticos.

Esta visión del “capitalismo salvaje” aplicado al entretenimiento y al turismo debería plantear inquietantes reflexiones para otros destinos, que ni siquiera consideran la renovación de sus productos al final de la lista de sus prioridades.

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