Las lecciones de Iván Zika

 
Alonso Gordoa
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El jueves de la semana pasada unos 200 “turisteros” se reunieron en el hotel St Regis para despedir a **Iván Zika** como director de LAN en México, un hecho que en otros casos simplemente marcaría el fin de la vida profesional de un ejecutivo destacado.



Lo diferente, sin embargo, fue el nivel de aprecio mostrado hacia un individuo que colaboraba en uno de los negocios más complejos ligados al turismo, como es el transporte y particularmente la aviación.

Fiel a su estilo, y antes de comenzar la cena, Zika se levantó de su asiento donde se encontraba rodeado de su familia y llegó hasta el podio, detrás del cual había unas fotos suyas de por lo menos metro y medio por metro y medio cada una, para decir fundamentalmente que todo aquello era demasiado, “too much”, en sus palabras. “Me quería sacar el ego del estómago”, aclaró.

Una muestra más de la forma de ser de este chileno: Simple pero no sencillo, amable pero no hipócrita, generoso pero al mismo tiempo objetivo con el negocio.

Su inicio en el mundo de la aviación comenzó por su deseo de viajar, cuando terminó la carrera de filosofía en su país de origen, hoy casi es mexicano, deseaba conocer el mundo y la forma de hacerlo fue enrolándose como sobrecargo.

Seguramente su don de gente le ayudó para que el presidente de la compañía se fijara en él y pronto fue ascendido a sobrecargo del avión del controvertido general Augusto Pinochet, el dictador que sentó las bases económicas para el éxito actual de ese país.

Una de las anécdotas favoritas de Zika ocurrió precisamente derivada de su interacción con ese temible personaje, a quien no se le podía llevar fácilmente la contra y menos obligarlo a hacer algo.

En cierta ocasión ya era el momento del despegue y el militar seguía de pie, por lo que el ahora homenajeado le dio una orden: “General por favor siéntese y abróchese el cinturón, ya vamos a despegar”.

A Zika le tocó abrir la oficina de México al inicio de la década de los 90, cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas con Chile; luego fue algunos años a Los Ángeles, para encargarse de la comercialización del Oeste de Estados Unidos y regresó a México donde permaneció hasta la fecha cultivando muchos amigos.

Zika siempre apoyó a quienes le pidieron algo o abierta y cortésmente les avisó cuando no era posible, un estilo que deberían de copiar muchos hombres de negocios que practican la evasiva como una forma de decir que no.

El recientemente intercambio de acciones entre LAN y TAM, para crear Latam, y la decisión de poner a un ejecutivo proveniente de la aerolínea brasileña al frente de la oficina mexicana de la nueva compañía, derivó en la jubilación anticipada de Zika quien de otro modo podía poner en riesgos sus derechos laborales.

Su estilo gerencial deja como enseñanza la importancia de la cortesía y de actuar en función del negocio, pero siempre de buena fe y buscando fórmulas ganadoras para todos.

A su despedida llegó el vicepresidente de LAN para América Latina quien citó una frase perfecta para esta ocasión: “En la vida no hay que llorar por lo que ya no se hará, sino sonreír precisamente por haberlo hecho”.



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