La Cancillería, la promoción turística y su presupuesto intacto

 
Carlos Velázquez
hrs.

Los “subsidios cruzados” nunca han sido buenos para las empresas y vale la pena preguntarse si funcionan bien para un país.

La historia viene a cuento porque hoy la Secretaría de Relaciones Exteriores, cuyo titular es el casi “vicepresidente” Marcelo Ebrard, ha tomado decisiones que le están permitiendo a la “burocracia dorada” del Servicio Exterior Mexicano mantener su estilo de vida sin violentar las reglas de austeridad del gobierno de López Obrador.

De ninguna manera el autor de este espacio considera que los diplomáticos mexicanos deban vivir en la pobreza, pero allí está la regla de que nadie puede tener un salario superior al del presidente de la República.

Cuando la elite de la diplomacia mexicana observó ese panorama, se acercaron a pedir ayuda a sus pares como Porfirio Muñoz Ledo, quien antes de ocupar la presidencia de la Cámara de Diputados muchas veces trabajó para el Servicio Exterior.

Ebrard es un político que siempre ha orientado su decisiones a resolver problemas y cuando asumió la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores, llegó con el ánimo de poner la casa en orden como condición para hacer otras cosas.

Así es que se encontró con una “burocracia dorada” que de facto estaba en contra de que fuera afectado su estilo de vida.

En el mundo de la diplomacia mexicana hay tres grandes categorías salariales, la primera corresponde a las embajadas de los países más caros como Estados Unidos, Japón o Reino Unido.

Luego vienen los de costo medio como Colombia, Chile, Argentina y Sudáfrica.
Y luego están los de países de Centroamérica.

Una embajadora en Japón gana 11 mil dólares al mes, es decir unos 220 mil pesos que duplican el sueldo del Presidente, pero además no paga residencia, tiene derecho a dos colaboradores de su confianza y sus alimentos forman parte de los gastos de la embajada.

Además un embajador de la primera línea tiene hasta seis coches a su disposición y gastos de representación.

¿Está eso mal?, ¿es un exceso para un país de más de 130 millones de habitantes?

La respuesta es muy compleja y desde un punto de vista absolutamente racional tendría que ver, incluso, con la eficacia para concretar las metas que se requieren en cada uno de los países.

Pero de regreso al canciller Ebrard, su perspectiva ha sido siempre la solución de los problemas y un argumento importante que ha utilizado para que su Secretaría no padezca recortes, es que ahora cumple con una nueva tarea.

Ésta es la defensa y promoción de los intereses turísticos de México, así es que en sus negociaciones con Hacienda ha esgrimido que ahora le está ahorrando al país una fortuna que antes se fondeaba con el Derecho de No Residente.

El problema es que hoy no sólo se perciben huecos, si no boquetes, en temas como el manejo de crisis y la promoción del turismo mexicano.

En 2019 no hubo razones para rendir cuentas, pero hay que ver hasta dónde las acciones de la Cancillería apoyarán a que el turismo siga creciendo.

Comentarios
hrs.

Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

Notas relacionadas
X
Ir a la barra de herramientas