Invierten menos en nuevos hoteles

 
Alonso Gordoa
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En los primeros nueves meses de este año, las inversiones turísticas en México cayeron 34% respecto al mismo periodo del año pasado y una de las razones es la pérdida de interés por construir nuevos hoteles de playa.

Aunque el país tiene todo para convertirse en una potencia en turismo cultural y de naturaleza, el negocio que soporta las grandes cifras es el de sol y playa que enfrenta importantes retos hacia delante.

La “comoditización” de los cuartos, el crecimiento de la demanda de los hoteles todo incluido y la pérdida de control de propietarios y operadores de los mismos sobre los procesos de comercialización tienen en problemas a muchos establecimientos.

Si a esto se añade una contracción de las inversiones a nivel global, no es difícil ver por qué este año apenas se han canalizado mil 800 millones de dólares en el turismo contra dos mil 800 del año pasado.
Revertir esta situación es difícil y demanda fuertes dosis de creatividad tanto de los empresarios como del nuevo gobierno.

Hoy el mundo vive la era del turismo masivo, dentro de unos días, el 13 de diciembre, la Organización Mundial de Turismo celebrará por primera vez el registro de mil millones de viajes internacionales en un solo año.

Un número que prácticamente se triplicó en un cuarto de siglo, por lo que ahora los viajes forman parte cada vez más frecuente de la vida de los seres humanos promedio.

También ese aumento de la demanda provocó que muchas cadenas hayan optado por desarrollar hoteles impersonales, de servicios estandarizados, con un fuerte enfoque en controlar los costos.

Un modelo que no genera lealtades y en donde los turistas con presupuestos limitados se mueven solamente en función del precio.

En medio están los mayoristas, que presionan todavía más a los establecimientos para exigirles tarifas ajustadísimas que son revendidas por ellos al consumidor final.

Los hoteles con cientos de cuartos han tenido que responder, además, a la demanda de creciente de los todo incluido que, por una parte, le sirve a los viajeros para controlar sus gastos y a los establecimientos para buscar una ganancia a través de las economías de escala y la masificación de su oferta.

Hoy las altas tarifas se concentran en marcas que son sinónimo de buen servicio o lujo y en hoteles con personalidad, que ofrecen diferenciadores y le ponen un precio.

Las firmas que han logrado trasladar esa idea a los hoteles de muchos cuartos en el segmento del todo incluido, como Velas, AM Resorts o los hoteles Palace han logrado resultados atractivos y tasas importantes de crecimiento.
México no debería perder su posición de liderazgo en Latinoamérica en el segmento de sol y playa, pero en este negocio como está planteado hoy quienes reciben los menores beneficios son los inversionistas.

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