Xcaret. Una de las ventajas del tiempo, es que pone en su lugar las buenas historias y ayer en Apapaxoa, el evento gastronómico que realiza anualmente Grupo Xcaret, se hicieron públicas dos de ellas.
Los grandes chefs son una especie del rock stars que hacen y deshacen con su público de glotones, algo que Enrique Olvera y Andoni Luis Aduriz comprobaron en una parranda hace décadas.
El primero es el chef mexicano más influyente, protagonista del homenaje que le hicieron este año sus colegas en Apapaxoa.
Mientras que Aduriz, quien al igual que Olvera ostenta en su pecho dos estrellas Michelin, ya es chef de Xcaret, con Xal, además de que sigue dirigiendo Mugaritz, el restaurante vasco que lo volvió tan famoso.
Pues resulta que aquella noche de copas, ambos acordaron abrir un restaurante en La Habana, Cuba, que tendría un sillón de peluquero y ofrecería un solo platillo.
¿A que no te atreves a twittearlo?, retó Aduriz a Olvera, y éste lo hizo y cada uno por su lado se retiraron a dormir.
Al día siguiente literalmente tenían más de 200 mensajes de los periodistas gastronómicos más connotados del planeta, buscándolos para que les contaran más detalles sobre esta primicia.
La presión fue tanta que ambos terminaron en La Habana preguntando por un lugar y cómo abrir un restaurante.
Para completar la intriga, por esos días el presidente Barack Obama inició conversaciones para que Estados Unidos reanudara las relaciones diplomáticas con Cuba y los mismos periodistas dijeron que Olvera y Anduriz ya tenían antes dicha información.
El remate de la anécdota es menos glamoroso, porque abrir el restaurante en Cuba era un rompecabezas y al final no lo hicieron, pero si entendieron hasta dónde llega la influencia mediática de unos astros de la cocina.
La otra historia es más dramática y la protagonista es Sandra Fernández, la primera mujer mexicana que hizo carrera como sommelier.
El relato se remontó a 2010, cuando esta profesional de los vinos era socia minoritaria de Tierra de Vinos, el primer wine bar de la Ciudad de México.
Allí desarrollaron la ahora famosa línea de vinos 3V para Casa Madero, a la que se opuso el patriarca José Milmo Garza quien además calificó a Fernández de estar “loca”.
Fueron sus hijos Brandon y Daniel quienes apoyaron el proyecto y este vino fue diseñado exclusivamente para Mexicana de Aviación, cuando el presidente era Gastón Azcárraga.
El éxito fue inusitado, los pasajeros de business class pedían botellas completas y cuando podían las bajaban del avión; el diseño de este vino probó además que era correcta la tesis de Fernández sobre lo que deseaban los paladares más jóvenes.
Entonces llegó la quiebra de Mexicana, una historia de negocios que nunca debió haber ocurrido y en donde fue un factor la soberbia de Azcárraga.
Pero junto con la aerolínea, quebró también Tierra de Vinos pues Mexicana les debía un año de facturación.
Cuando Casa Madero entendió la velocidad con la que se vendieron las pocas miles de botellas que rescataron de Cocinas del Aire, mantuvo la línea de 3V que sigue siendo muy demandada.
A Fernández le costó muchos años reponerse de ese golpe, pero hoy es una de las consultoras más reputadas de México en su especialidad, una mujer plena personal y profesionalmente con clientes de la talla de Banamex y del propio Grupo Xcaret.