Fridman, entre “bombas” y huracanes yucatecos

 
Carlos Velázquez
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Michelle Fridman, titular de la Secretaría de Turismo de Yucatán (STY), está metida en una tormenta de la que sólo saldrá haciendo política, cuando su perfil es de una emprendedora ligada a los viajes y la música.

El Puerto de Progreso es el peor evaluado de las rutas en donde opera la Florida-Caribbean Cruise Association (FCCA) y la dependencia a su cargo tiene un plan para mejorarlo turísticamente e incluso canalizará 80% del presupuesto de esa dependencia para infraestructura en 2019.

El hecho es que Fridman, quien puede ser ruda, también ha lastimado la sensibilidad de algunos comunicadores y además le ha querido enseñar a “enlatar chiles a Clemente Jacques”, dos malas ideas en general y en particular en una sociedad localista como Mérida.

Por ejemplo comentó que esa ciudad tenía potencial para el turismo médico, cuando históricamente cuenta con los mejores servicios de salud del Sureste.

El gobernador Mauricio Vila la invitó a su gabinete, siendo oriunda de la Ciudad de México; pero además casi todo el equipo de Fridman llegó de la capital y también han protagonizado otras historias que han disgustado a los yucatecos.

La “gota que derramó el vaso” fue una desafortunada declaración de Fridman quien dijo, en un desayuno con editores, que había que trabajar mucho en Progreso y que sería “más fácil borrarlo del mapa y volverlo a construir”.

Metáfora propia del argot de los turisteros, pues también se ha escuchado que eso hicieron en Mallorca o hasta han propuesto algo similar en Acapulco, cuando es obvio que no se trata literalmente de tirarles una bomba atómica.

Pero debido a la animadversión hacia Fridman, algunos yucatecos lo tomaron así y ha pasado de todo:

Desde que el presidente de Canaco Progreso pidió que la declaran “persona non grata en ese puerto”, hasta que una ex gobernadora Dulce María Sauri haya publicado que las palabras de Fridman fueron más violentas que el peor huracán.

Pero además la situación ha derivado en primitivas expresiones de discriminación y xenofobia, sobre todo en cartones y memes; denostando que Fridman sea “chilanga”, se rasure parte de la cabeza, use tatuajes y piercings y se pinte unos mechones de verde.

Ahora está observada con lupa y se le critica por los millones que ha invertido en festivales; porque no inauguró un evento deportivo; porque viajó a Quebec para reunirse con Volaris y Viva o por supuestos conflictos de intereses con su firma de relaciones públicas.

Todavía no hay suficientes datos duros para saber si su trabajo está siendo eficiente y tanto la Asociación de Hoteles de Yucatán, que preside Héctor Mérida; como el Consejo Empresarial Turístico, que encabeza Jaime Solís, la respaldaron por escrito.

Pero dicen los clásicos que los políticos deben saber “comer sapos sin hacer gestos” y, además de dar buenas cuentas; Fridman necesita mejorar su relación personal con los comunicadores, ofrecer disculpas a los líderes y habitantes de Puerto Progreso y ponerle filtro a sus palabras a partir de ahora.

De lo contrario, su paso por el servicio público será tan efímero como una “bomba” yucateca.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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