Fernando Olivera, de Guanajuato a Tamaulipas

 
Gustavo Armenta
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El pasado siete de septiembre fue un gran día para Guanajuato y, particularmente, para Fernando Olivera Rocha. Ahí, en la capital de la entidad, frente a su jefe, el gobernador Miguel Márquez, en un acto público el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, anunció formalmente que Guanajuato se había convertido en el quinto estado más visitado de México.

Así, la entidad ya se codea en el Top 5 del país con Quintana Roo, la Ciudad de México, Jalisco y Guerrero, superando a estados turísticos como Baja California Sur, Nayarit, Chiapas y Veracruz.

Dio números: en 2017, Guanajuato recibió a cinco millones 431 mil turistas que se hospedaron en hotel, quince por ciento más que en el año previo; esta industria aporta 195 mil empleos en la entidad; y por la cantidad de personas que laboran en hoteles, bares y restaurantes, ocupan también el quinto sitio en el Ranking Nacional de Empleos Turísticos.

Aún más, en los primeros meses de este año, registraron 18 millones de visitantes, que dejaron una derrama de 50 mil 234 millones de pesos; además de tres millones 348 mil turistas (que son los que pernoctan), alcanzando una ocupación hotelera de 45 por ciento en promedio. Y tan sólo en julio pasado, en su aeropuerto del Bajío aterrizaron 224 mil 700 pasajeros, de los cuales casi 70 mil provinieron del extranjero.

En un país donde turísticamente reinan los destinos de sol y playa, lograr estas cifras es casi una hazaña para un estado sin costas, pero, sobre todo, para una región donde, por lo menos desde el último año, la inseguridad y la violencia provocada por el crimen organizado se han adueñado del territorio.

Sin embargo, no hay que olvidar que Guanajuato es un estado muy industrializado, con gran inversión extranjera, que le asegura un flujo necesario de viajeros del exterior. Por eso no resulta extraño que, por ejemplo, en el citado julio, una ciudad industrial y comercial como León, haya sido la más visitada con 165 mil turistas. Si le sumamos los de Celaya, Silao, Irapuato y Salamanca, acumulan un total de 290 mil; en tanto que de sus tres principales destinos turísticos, la capital Guanajuato fue la que más turistas captó, con 124 mil, para llegar a los 194 mil conjuntamente con los de San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo.

Esa mañana del siete de septiembre, De la Madrid afirmó categórico: “Guanajuato es un ejemplo a nivel nacional de turismo”. Era un acto político y De la Madrid fue amable con sus anfitriones, sobre todo porque era la despedida, estaban a 19 días de irse, de que llegara el nuevo gobierno estatal de Diego Sinuhé Rodríguez Vallejo.

Con una larga carrera en el turismo, pocos cuestionan el trabajo realizado por Olivera Rocha durante los seis años que fue secretario de Turismo de Guanajuato. Fue el más activo, el más mediático, uno de los más políticos (ese mismo día le entregó la presidencia de la Unión de Secretarios de Turismo de México a Enrique Manos Esparragoza, titular del ramo en Campeche), tanto, que en algún momento soñó con suceder a su jefe. Tampoco se le hizo realidad su apuesta mayor: suceder a De la Madrid en la Sectur federal, lo cual habría sido probable si el panista Ricardo Anaya hubiera ganado las pasadas elecciones presidenciales. Ambos fueron nombrados subsecretarios de Turismo por Felipe Calderón en abril de 2011 y ahí se relacionaron.

Por todo esto, desde el pasado 26 de septiembre, cuando dejó de ser funcionario de Guanajuato, muchos nos preguntábamos a dónde iría Olivera. La respuesta no tardó mucho en aparecer: el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, hace cuatro días lo nombró su secretario de Turismo.

A pesar de tener con qué competir en esta industria, Tamaulipas no es un estado destacado turísticamente. Desde hace muchos años es una de las entidades controladas por el narcotráfico, al grado de que en 2010 fue asesinado el candidato del PRI a la gubernatura, Rodolfo Torre Cantú, en el municipio de Soto La Marina, donde ocho meses antes el gobierno federal y el entonces mandatario estatal, Eugenio Hernández Flores, habían anunciado que construirían el sexto Centro Integralmente Planeado (Cancún, Los Cabos, Ixtapa, Loreto y Huatulco son los que ya existen), que llevaría por nombre CIP Costa Lora. El proyecto nunca se llevó a cabo y en Fonatur lo tienen olvidado.

Hoy, los exgobernadores Tomás Yarrington y Hernández Flores se encuentran presos y el estado está considerado como de la más alta peligrosidad, por lo que el gobierno de Estados Unidos ha emitido alertas para que sus ciudadanos no viajen ahí.

Guanajuato pudo haber sido un día de campo para Olivera Rocha, ya veremos qué logra hacer en Tamaulipas. Aunque la pregunta no se puede evitar: ¿por qué aceptó irse a un estado tan conflictivo?

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