El verdadero costo de no hacer el Tianguis en Acapulco

 
Nallely Campos
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Si técnicamente parece un despropósito insistir en que la sede del próximo Tianguis Turístico sea Acapulco, hasta ahora las autoridades federales ven más aspectos negativos en cambiarlo de sede.

Es cierto que secretarios estatales de Turismo, como **Fernando Olivera**, de Guanajuato, ya hicieron compromisos serios, con el apoyo de sus gobernadores, para llevarse el evento a sus entidades.

Que además Guanajuato tiene un destino reconocido internacionalmente, como San Miguel de Allende, con el aeropuerto del Bajío que ha aumentado su conectividad y un equipo humano que conoce la forma de operar de la industria turística.

Además hay otros destinos, como la Ciudad de México, donde hasta “nadando de muertito” se puede hacer una feria para cinco mil personas, dado el tamaño del mismo y su infraestructura.

También es verdad que **Rodolfo López Negrete**, director general del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), ha recibido varias consultas de operadores mayoristas y ejecutivos de aerolíneas internacionales respecto a este tema.

Como es cierto, asimismo, que los directivos de aerolíneas como Alaska Airlines ya han dicho que no irán si es en Acapulco, por la sencilla razón de que sus ejecutivos no pueden viajar sin un seguro contra riesgos personales y hoy la compañía que tienen contratada no ofrece su cobertura en el estado de Guerrero.

El hecho también es que sería inadecuado doblar las manos y asumir que la crisis de Ayotzinapa no podrá ser resuelta por las vías institucionales; para empezar, porque un gobierno, que incluso aspira a establecer un liderazgo global a partir de las reformas que se concretaron recientemente, debe tener la fortaleza para salir adelante con este problema.

En ese contexto macro, ya no es relevante si llegarán o no todos los compradores internacionales esperados o si hay la suficiente conectividad internacional o no.

Se trata de cumplir un reto frente a los grandes actores del turismo, aunque ello implique contratar vuelos charter o hacer frente a cualquier situación de logística.

De antemano es un hecho que esto tendrá un costo para México y el económico sería el menor.

Pero el compromiso político que asumió **Enrique Peña Nieto** durante su campaña, cuando ofreció regresar un año sí y otro no el Tianguis a Acapulco, hoy tiene una connotación imprevista en aquel momento.

Y es que entonces se trataba de reconocer a un destino que puso a México en el mapa turístico del turismo y a un electorado relevante, que vive allí.

Hoy el punto es demostrar que las instituciones y políticos mexicanos en el poder son capaces de hacer frente a una situación que ha exhibido hasta dónde seres primitivos, como el expresidente municipal de Iguala, evidencian lo contrastante de un país, cuyo gobierno pretende que México salga del subdesarrollo.

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Periodista especializada en turismo

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