El medio ambiente y el desarrollo del turismo

 
Alonso Gordoa
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**Juan José Guerra Abud**, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), dio esta semana una entrevista al periódico español El País y en alla hizo una declaración que, por lo menos, lanza una señal interesante para el turismo.

El funcionario dijo textualmente que “la gestión de los residuos y la promoción del turismo ecológico son las principales metas de la dependencia a su cargo”.

El tema de los residuos es dramático, pues sólo 9.6% de la basura que se genera en el país se recicla, una proporción que refiere abiertamente la condición de México como país subdesarrollado.

Pero en el caso del “turismo ecológico” la sola mención es relevante, pues más allá de que anteriormente se hablaba de turismo de naturaleza o de turismo verde, el hecho de que el funcionario lo considere una prioridad ya es en sí un dato importante.

El turismo es un gran depredador, los datos sobre el impacto de los viajes por avión en la llamada huella de carbono no son despreciables, para no hablar del consumo intensivo de medios limitados como el agua.

El dato más interesante es que el turismo tiene un impacto en la actualidad de 5% en la huella de carbono y ello se explica por los viajes en avión.

Sin embargo, el turismo puede ser también un gran apoyo para el medio ambiente.

Un dato importante es que en Mayakoba, el desarrollo del Grupo español OHL en Quintana Roo, y en donde están presentes marcas como Fairmont, Rosewood y Banyan Tree, todas ella en el segmento de los viajes de lujo, el manglar tiene 30% más altura promedio que en el resto del estado, además de que es un santuario de numerosas especies.

Otro caso destacado es el de Xcaret, de **Miguel Quintana Pali**, que ha demostrado la factibilidad del turismo masivo con un compromiso concreto con el medio ambiente.

El turismo no sólo puede ser una actividad compatible con el medio ambiente, sino que incluso tiene el potencial de convertirse en un factor de preservación del mismo.

Lo que señala Guerra Abud tiene que ver con no con evitar la afectación de los ecosistemas, sino en encontrar los incentivos económicos, políticos y sociales para que el turismo contribuya a la generación de espacios verdes.

Los llamados “fundamentalistas” ambientales han actuado algunas veces de buena fe, en función de las historias depredatorias del turismo.

Pero también hay intereses personales, de organizaciones no gubernamentales que obtienen recursos a través del escándalo y de la defensa de espacios con valoraciones que no son objetivas.

Los empresarios turísticos hoy se sienten entusiasmados, pues Guerra Abud está planteando incluso temas como la posibilidad de compensar, para preservar.

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