El Ganzo, original proyecto de Pablo Sánchez Navarro

 
Alonso Gordoa
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Si **Eduardo Sánchez Navarro**, presidente de Grupo Questro, es conocido como el landlord de Los Cabos, su hijo Pablo tiene un peculiar talento para relacionarse con personajes famosos.

Cuando el primero puso en marcha el desarrollo de Puerto Los Cabos, que incluye una marina y dos campos de golf diseñados por **Greg Norman** y **Jack Niklaus**, este joven le planteó a su padre abrir un bar.

“Si lo haces te vas a volver alcohólico”, le respondió, pero le pidió que le presentara otro proyecto.

Lo más obvio era la Hotelería, dados los antecedentes familiares, y entonces Pablo se imaginó llevando los inventarios, costeando la lavandería y negociando las tarifas con las agencias de viajes por internet, menú que no le fue suculento.

Fue así como nació la idea de El Ganzo, con “z”, un hotel de 70 habitaciones ubicado en la marina, con un diseño minimalista y un declarado interés por las artes plásticas y la música.

Si en el sur de Francia varios hoteles son célebres por haber hospedado a los grandes pintores impresionistas y surrealistas, quienes pagaron sus estancias con obra, al este de San José del Cabo también podría funcionar ese modelo.

Hoy El Ganzo tiene además de habitaciones, restaurante y un concurrido roof bar; un estudio de grabación profesional para los músicos que quieran trabajar en él y también recibe como huéspedes a los pintores interesados en pagar la cuenta con obra.

Algunas paredes –el hotel tiene operando unos cuantos meses– ya han dejado de ser blancas para transformarse en “lienzos” terminados y la intención es que algún día todas tengan la huella de algún artista.

Pero además el hotel ya ha recibido a huéspedes famosos como los actores Sean Penn y Charlie Sheen, este último además se tomó una foto en el bar del hotel con el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, que circuló profusamente en las páginas y sitios web de
sociales en Estados Unidos.

Así es que El Ganzo está entrando con el pie derecho a su mercado objetivo, el de los jóvenes y la gente del arte y la farándula.

Por cierto, su peculiar nombre proviene de una traumática anécdota de la infancia de Pablo que no le gusta hacer pública; aunque le ha servido para la mercadotecnia, pues los mexicanos preguntan por la fallida ortografía del inmueble y los estadunidenses la relacionan con gonzo, el periodismo bizarro.

Así es que su venganza contra una especie animal a la que odió de niño es que ahora le está dando a ganar dinero.

Cuentan, quienes lo conocieron, que Eduardo Sánchez Navarro también fue un joven desenfadado, talentoso y amante de la fiesta; así es que Pablo podría reescribir la historia y convertirse en un innovador de la Hotelería.

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