El avión que seguirá usando AMLO

 
Carlos Velázquez
hrs.

Dicen varios actuarios importantes que a pesar de que la mayoría de las encuestas coinciden en que el ganador de la próximas elecciones presidenciales será Andrés Manuel López Obrador, todavía puede haber sorpresas en el resultado final.

Si lo anterior es principalmente un buen deseo de esos matemáticos prácticos, sólo lo sabremos el domingo en la noche.

Si AMLO gana, ese día comenzará a correr una cuenta regresiva de cinco meses para ir visualizando lo que ocurrirá para seguir adelante con las propuestas de este personaje del pasado que ha sabido conectar con los jóvenes.

En este mundo en donde las redes sociales han trastocado jerarquías y maneras de vivir, esos votantes de entre 18 y 30 años ya no quieren saber nada del priísmo renovado de José Antonio Meade.

Y si a lo anterior le añadimos que Ricardo Anaya no ha sabido explicar cómo quiere cambiar el mundo, resulta que AMLO les gusta aunque sea un político parecido a Luis Echeverría.

Así es que nada más para revisar un tema divertido, pero muy revelador de lo que podríamos ver, allí está el asunto de la venta del avión presidencial que no tiene ni Trump.

Por supuesto el Air Force 01 de Estados Unidos, un Boeing 747, es infinitamente más caro que el 787 de la Presidencia de México.

La razón no tiene que ver con el tamaño o modelo; sino con la configuración y los aditamentos pues la autonomía de vuelo del estadounidense es infinitamente superior pero además cuenta con un sistema antimisiles y otros “juguetitos” que lo hacen extremadamente costoso.

Aunque para el tema que nos ocupa, resulta que el avión que compró Felipe Calderón y recibió Enrique Peña es un demo o primer avión del 787.

Así es que su peso es mayor que el de los aviones comerciales y tiene algunos elementos que lo diferencian de dichos aviones, como los motores Rolls Royce.

Además su configuración es muy diferente a la de los aviones comerciales, como la oficina del Jefe del Ejecutivo o los baños con regadera.

Cambiar dicha configuración costaría una fortuna, sin olvidar que el avión todavía se está pagando con un crédito a 20 años y que cambiarlo implicaría onerosos castigos financieros.

Así es que cuando fuera puesto a la venta por el gobierno mexicano, AMLO se encontraría conque le saldría más caro “el caldo que las albóndigas”.

La otra parte de la historia es que pasaría a la lista de los pocos mandatarios que no contarían con un avión transoceánico.

Así es que bajo esta lógica tendría que acudir a los vuelos comerciales y, por decir algo, preparar un vuelo presidencial implica aislarlo y revisarlo por unas cinco horas; así es que como pasajero habría que estar atento para no vivir la enjuiciable “fortuna” de viajar junto con el presidente mexicano.

Por todo lo anterior lo más probable es AMLO, en la hipótesis de que gane, seguiría volando en el avión cuya crítica implacable le ha dado tan buenos dividendos a su campaña.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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