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Decreto: ¿peor el remedio que la enfermedad? | Periódico Viaje

Decreto: ¿peor el remedio que la enfermedad?

 
Carlos Velázquez
hrs.

Al inicio de este siglo el presidente Vicente Fox lanzó el proyecto de la Escalera Náutica del Mar de Cortés, que no llegó a ningún lado fundamentalmente por la oposición de los ambientalistas.



Las opciones entonces eran que el gobierno pasara por encima de ellos de una manera autoritaria o entrara un proceso de consultas y negociaciones que terminaron por reventar el proyecto, pues varios interlocutores quisieron llegar al chantaje lo que derivó en que hubiera “nada para nadie”.

Con su decreto para blindar la construcción del Tren Maya, el presidente López Obrador optó por hacer uso de sus facultades legislativas para imponer su decisión y evitar que descarrilara el principal proyecto de infraestructura y comunicación de su sexenio.

En el caso de la Escalera Náutica la parte neurálgica de la misma era la Marina de Santa Rosaliía, cerca de Guerrero Negro, donde los yates y veleros serían sacados del Océano Pacífico y cruzarían por tierra la península para llegar al Mar de Cortés, el “acuario del mundo”.

Además de la escala lo que se necesitaba era ensanchar la carretera a Loreto, a fin de que circularan unos trailers más anchos de lo normal.

Pero allí un grupo de ambientalistas impidieron que la Secretaria del Medio Ambiente otorgara las manifestaciones de impacto ambiental; incluso argumentando que la obra afectaría el hábitat de una lagartija endémica.

Sin ese puente terrestre, el proyecto se desdibujó y el noroeste de México perdió la oportunidad de convertirse en un gran destino para el turismo náutico, sin pasar por alto todos los recursos públicos que se dilapidaron.

El equivalente en el caso del Tren Maya es el tramo que irá de Cancún a la Riviera Maya que concentra el flujo de turistas, trabajadores y productos.

Pero los ambientalistas no han podido frenar su construcción.

Cuando vemos los ejemplos de otros países con gobiernos autoritarios como Singapur, Dubai y China, no queda sino aceptar que algunas sociedades atrasadas han acelerado sus procesos de desarrollo haciendo uso de la mano dura del gobierno.

El Tren Maya tiene muchos ángulos enjuiciables pues se hizo sin un análisis serio de los mercados turísticos, sólo beneficiará a una región del país y seguramente no se está logrando el uso más eficaz posible de los fondos públicos.

Pero del otro lado el Presidente tenía las facultades para decidir su construcción porque ganó las elecciones y es el Jefe del Ejecutivo.

Ahora con su decreto los ambientalistas, informados y desinformados, honestos y deshonestos, están pasando a un segundo plano.

Al mismo tiempo cuesta mucho entender la decisión de López Obrador para convertir a los empresarios en los malos de la historia.

¿Por qué señalar  a Xcaret debido a que está construyendo un parque en Yucatán, cuando es un hecho que el tren afectará cenotes y selva, pero sin tener  los casos de éxito de este grupo para cuidar y reponer la naturaleza?

La historia no ha concluido pero habrá enseñanzas para todos.

Quizá después de este sexenio, los ambientalistas y grupos con intereses como los que dinamitaron la Escalera Náutica, podrían considerar que su manera ruin de actuar fue el antecedente de los “decretazos”.

Y ojalá todo quede allí, pues la dictadura en Singapur sigue avanzando en la construcción de la ciudad-país más moderna del mundo, partiendo del principio de que para alcanzar la felicidad la democracia está de sobra.



hrs.

Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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