Consumir fuera de los hoteles “todo incluido”

 
Alonso Gordoa
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En México siempre le gana lo urgente a lo importante y el año pasado arrancó un programa que se llama No te pierdas Cancún, sal a cenar o Don’t miss Cancún, dine out; que no tomó la opinión de los viajeros al que iba dirigido.

Lo relevante del mismo fue que, por primera vez, un grupo de restauranteros de ese destino se unieron para lanzar una cuponera de descuentos para sacar a cenar a los turistas que se hospedan en hoteles “todo incluido”.

Es decir, casi a todos, pues menos de cinco por ciento son los que se siguen hospedando en los pocos que mantienen el plan europeo, como se le conoce al modelo que cobra por separado la habitación y los consumos.

El asunto no es menor para esa plaza ni para otros muchos destinos de playa, donde el “todo incluido” ha ido ganando paulatinamente terreno y se ha establecido como la opción favorita de los turistas.

De hecho ha habido muchas ideas fallidas, algunas que incluso se salen de la lógica del mercado como aquella de fijar una noche por cada visita a la plaza para que los huéspedes salieran forzosamente a comer fuera del hotel.

O la negociación con los hoteles, para que extendieran un vale a sus huéspedes que puedan aplicar en los restaurantes de la plaza; pero allí el problema es que los montos son bajos debido a las economías de escala que logran hacer los mismos.

Así es que para este año los promotores del programa citado, que coordina Marisa Steta, contrataron a la consultoría Gnosis para que hiciera una investigación de mercado que arroja datos muy interesantes.

Para comenzar, de 400 viajeros encuestados, 29% dijo que había salido o planeaba salir del hotel para cenar al menos una noche; además 60% lo hace para ir de compras; 40% para ir a un tour o una excursión y 19% para ir a un bar o centro nocturno.

Obviamente el gran inhibidor es que ya tienen sus consumos pagados; pero además 13% se frenan por la inseguridad; 5% por miedo y 10% por el elevado precio de los taxis.

Del total 49% dijo que definitivamente no pensaba salir; 27% lo consideró poco probable; 11% muy probable y 13% que definitivamente lo haría.

Así es que los retos para los restauranteros son hacer una promoción efectiva; producir información útil y a través de los medios adecuados; generar los incentivos correctos y obtener el apoyo de los hoteles para dar a conocer su oferta.

Transportes para no pagar taxis; festivales o semanas gastronómicas de alta calidad; alianzas con centros comerciales, entre otras, son ideas que seguramente serán revisadas a partir de esta información.

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