Aladino el “genio” del regreso de los cruceros

 
Carlos Velázquez
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Dicen que los líderes de la industria de los cruceros son unos “genios” por cómo han gestionado crisis anteriores; pero ante la magnitud de la del Covid-19 parece que necesitarán un “genio” como el del cuento de Aladino para salir bien librados.

Cuando la crisis del 11 de septiembre de 2001, durante meses la gente tuvo pavor de subirse a un avión; luego de que fueron usados como misiles por los subordinados del terrorista Osama Bin Laden para impactar contra diversos objetivos.

Además fue aquel tiempo en que las autoridades estadounidenses implementaron medidas como el arco de seguridad; la puerta blindada en los aviones y el uso de biométricos entre tantas más para que no ocurriera otra catástrofe como la de las Torres Gemelas.

Fue así que las navieras lanzaron sus planes conocidos como drive to port, en donde habilitaron en Estados Unidos puertos como Galveston, cerca de Houston, que eran fundamentalmente de carga para que los estadounidenses llegaran con sus familias en sus coches a tomar un crucero.

El éxito resultó tan grande, que a partir de allí estos barcos entraron de lleno al negocio del turismo masivo y la demanda creció a tal nivel, que permitió la construcción de esos resorts flotantes que transportan cinco mil o seis mil turistas a la vez.

Otra historia famosa fue cuándo quisieron entrar al mercado asiático con barcos viejos y los chinos, japoneses y coreanos, que son fanáticos del lujo cuando viajan, sencillamente no se subieron.

Los dueños de las navieras entonces no sólo desarrollaron desde cero barcos que cumplieran con los parámetros de esos exigentes viajeros, sino que además les hicieron adecuaciones únicas para pudieran hacer sus viajes exactamente como deseaban.

Por ejemplo, y dado que nos les gusta el sol, idearon que el piso de arriba donde la gente va a la alberca y a disfrutar del aire libre; los cruceros para asiáticos tuvieran un techo como sucedió con los barcos Quantum de Royal Caribbean.

Ahora la situación parece bastante más complicada, pues para comenzar las navieras estadounidenses no están teniendo acceso a los programas de rescate financiero de ese país, debido a que sus flotas no están registradas en la Unión Americana.

Como se sabe, los barcos de todos tamaños usan las llamadas “banderas de conveniencia” que por un módico precio les otorgan países como Bahamas o Panamá, con lo cual se evitan pagar “toneladas” de dólares en impuestos.

Pero ahora esas misma decisión se está volviendo un problema, pues resulta que por ejemplo sus miles y miles de empleados, no están en los programas estadounidenses.

Por supuesto los recortes han sido brutales, pero incluso con la tijera afilada a todo lo que da resulta que cada naviera tendrá que conservar alrededor de la tercera parte de su personal, para darles servicio a sus barcos pues así lo demanda el contacto con el agua de mar, uno de los líquidos más corrosivos.

Estos son sólo algunos de los retos que enfrenta un negocio que según diversas encuestas está al final de las listas para regresar a viajar; ¿como gestionarán esta situación?, es una de esas grandes historias que está por escribirse.

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Periodista apasionado de los viajes y de entender y comunicar cómo funciona la industria del turismo.

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