Acapulco y el juego de los “palitos chinos”

 
Nallely Campos
hrs.

En un México de contrastes, que da fundamento a la ira de quienes viven con lo mínimo o debajo de esa línea, la cultura del subsidio cierra las salidas.
¿Cómo fue que el equipo de **Enrique Peña** no deslindó a tiempo sus responsabilidades en el caso de Ayotzinapa y permitió que el gobierno federal cargara con el peso de un problema que gestaron el expresidente municipal de Iguala, su esposa y el exgobernador de Guerrero?
¿Cuando se acabó el romance de los medios internacionales con **Peña** el visionario, lo que está abaratando las reformas y las inversiones previstas?
¿Por qué no hay claridad en la opinión pública de que estos cambios, incluyendo marcadamente la Reforma Educativa, están afectando intereses económicos de grupos políticos ligados a un magisterio que frena el futuro del país?
Y además las demandas para supuestamente solucionar los problemas, de implementarse los dificultarían más.
Esta semana **Rosario Robles**, secretaria de Desarrollo Social, y **Claudia Ruiz Massieu**,
de Turismo, estuvieron en Guerrero y anunciaron que la próxima semana darán a conocer un plan de emergencia para Acapulco.
Es evidente que, como en el juego de los “palitos chinos”, no se puede mover la economía local y el turismo, mientras no haya certeza razonable de que se evitarán los bloqueos a la Autopista del Sol o no se desactive a quienes insisten en lucrar políticamente con la tragedia de los familiares de los normalistas asesinados.
Un presupuesto público, aunque fuera enorme, no le devolverá la gobernabilidad a una entidad infiltrada por el crimen organizado y, en ese sentido, falta ver los efectos que tendrá la iniciativa de **Peña** para crear un nuevo modelo policiaco.
Si todo esto requerirá de algún tiempo y en Acapulco hay necesidades inmediatas, al menos habría que encontrar los incentivos para que esos fondos públicos se multipliquen y no se diluyan.
Hace un año, tras el paso del huracán Ingrid y la tormenta Manuel, Acapulco recibió subsidios para su recuperación que, incluso proporcionalmente, fueron superiores a los que se destinaron este año a Los Cabos luego del impacto del huracán Odile.
La cultura de la productividad en ese destino de Baja California Sur y la necesidad de estar listos para el turismo norteamericano en diciembre, fueron acicates de una recuperación que se está preparando en tiempo récord; mientras que en Acapulco el respaldo no tuvo efecto similar.
Allá priva la añoranza, la exigencia de dinero público en función de un pasado que le dio lustre al país y el desánimo porque vienen cayendo desde hace años.
Acapulco requiere una estrategia visionaria para recuperarse; pero si no es capaz de mover a sus habitantes, sólo será oxígeno y aspirinas cuando le espera terapia intensiva.

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Periodista especializada en turismo

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