Anikka, una mamá cicloviajera

 
Redacción
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#MiMejorViaje Ser mamá de un bebé de 7 meses y mantener tu vida viajando es un camino de aprendizaje para toda mujer. esta es la historia de Anikka, una cicloviajera.

Hasta hace un par de años mi vida era recorrer el mundo el bicicleta, hacer largas rutas acampando en muchos de los lugares que visitaba, haciendo paradas en pequeños pueblos, pero hace 7 meses que Dante llegó a mi vida y todo cambió.

Ahora ante la pregunta de cómo es ser una mamá viajera, lo primero que vino a mi mente es “ya ni tan viajera”.

En estos meses hemos ido, relativamente, a pocos viajes, eso sí, con un bebé pequeño siempre tienes que llevar una muy buena preparación, se puede viajar y no queremos que esto se detenga, pero es cierto, con los pañales de tela ahora Dante; por ejemplo, tiene más equipaje que cualquiera de nosotros dos.



Ser una mamá viajera es tener que cuidar muy bien el lugar al que irás, debemos revisar que tengamos una habitación en donde un bebé pueda estar con la mejor temperatura y por ahora se acabaron las aventuras en las que podíamos estar alejados de servicios médicos o cosas que a mí y a mi esposo antes no nos importaban.

Ahora digo que hagamos viajes más “light” aunque el equipaje sea el doble, jajaja.

El mejor viaje con un bebé de 7 meses


El mejor viaje que hicimos con Dante definitivamente fue a Bucerías, Nayarit. Es como si la ciudad, tan segura y linda, estuviera hecha para para andar con un peque de siete meses.

Habíamos decidido tomarnos un descanso en la playa y nos fuimos los tres juntos, para por fin tener todo el tiempo del mundo solamente para el chiquitín.

Esos días los disfrutamos mucho, a Dante le encanta el agua y aunque en el primer día se asustó con los sonidos de las olas, se acostumbró muy rápido y acabó por estar bastante feliz en la playa.

En general Bucerías tiene muy pocas olas y es child friendly. Pero Dante aún está pequeño para meterse todo, a él nada más lo sentamos en la arena mojada y dejamos que el mar le mojara los pies.

En un par de ocasiones compramos un day pass pasar el día en algunos hoteles y nadamos con él en la alberca, algo que también le encanta.

En definitiva nuestros viajes cambiaron, no salimos ni a un solo bar, siempre regresamos a casa temprano, pero a cambio salimos a ver el atardecer juntos casi todos los días y esos son momentos que se quedan para siempre.

Hasta la fecha, Dante sigue fascinado con el agua y en cuando caminábamos en las playas alrededor de Tijuana cuando todavía se podía, en este lugar en donde estamos pasando la cuarentena, siento que él seguía disfrutando mucho.

Para Dante que aún está pequeño, todo es una diversión y aprendizaje. Todo cambia, el clima, los olores, los ruidos, la gente, eso es muy interesante, aunque a veces le cuesta un poco de trabajo acostumbrarse, por eso ya nos quedamos más tiempo en un solo lugar en vez de dormir cada noche en lugares distintos. Él, una vez que se siente agusto lo disfruta.


En cuando crezca quiero que siga así, aprendiendo, que aprenda de otra gente con otros puntos de vista, que viva con otra forma de ver el mundo. Que juegue juegos locales con otros niños, que abra su horizonte y que crezca siendo un niño empático, abierto e interesado en otra gente.

Queremos que sea viajero de aventura porque creemos que es como hacer una maestría en la escuela de la vida. Que aprenda a resolver problemas y que sepa que eres capaz de usar tu creatividad y tu ingenio para salir de aprietos. Una lección que ahora nos viene muy bien.

Más adelante se podrá viajar más, ahora toca irse adaptando a él y a ser una mamá viajera.



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